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Artemis II se adentra en la cara oculta de la Luna y rompe récords de distancia en un vuelo histórico

Artemis II consolida así un nuevo capítulo en la exploración espacial, con avances técnicos y humanos que proyectan futuras misiones hacia destinos más lejanos.

Estados Unidos / Redacción Panas en Utah.- La misión Artemis II vive una de sus jornadas más determinantes con el paso de la cápsula Orión por la cara oculta de la Luna, un trayecto que dejará a la tripulación sin comunicación durante aproximadamente 50 minutos. Este momento marca un hito tanto para la NASA como para la exploración espacial tripulada, al tratarse del primer sobrevuelo humano por esta región en más de cinco décadas.

El cruce ocurre alrededor de las 18:00 horas EDT desde Florida, cuando los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen ingresan en la zona lunar que no resulta visible desde la Tierra. Durante ese intervalo, la nave queda completamente incomunicada, lo que responde a las limitaciones técnicas propias de la posición orbital.

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El sexto día de misión concentra esta maniobra crítica. La cápsula Orión alcanza una distancia mínima de aproximadamente 6.500 kilómetros respecto a la superficie lunar, mientras se ubica simultáneamente en el punto más alejado de la Tierra, a unos 402.000 kilómetros. Esta combinación establece un nuevo récord en la historia de los vuelos espaciales tripulados y supera la marca registrada por la misión Apolo 13.

Los datos oficiales de la NASA indican que la distancia final puede variar en función del momento exacto del lanzamiento, lo que introduce un margen de ajuste en las mediciones. Este factor exige precisión en cada etapa de la planificación y ejecución del vuelo.

Antes del sobrevuelo, la tripulación ejecuta una preparación técnica rigurosa dentro de la cápsula. Los astronautas organizan y prueban cámaras portátiles equipadas con lentes de 80-400 mm y de 14-24 mm, diseñadas para capturar imágenes y videos en alta resolución bajo condiciones cambiantes de iluminación.

El espacio reducido de la cabina, con un diámetro cercano a los cinco metros, obliga a los tripulantes a coordinar cada movimiento con precisión. Esta dinámica operativa busca maximizar el rendimiento durante la ventana de observación.

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La planificación contempla un período de aproximadamente seis horas en el que la alineación entre el Sol, la Luna y la nave permite observar hasta el 20% de la cara oculta del satélite. Este registro visual representa un aporte clave para la comunidad científica y amplía el conocimiento sobre una de las regiones menos exploradas del entorno lunar.

Artemis II consolida así un nuevo capítulo en la exploración espacial, con avances técnicos y humanos que proyectan futuras misiones hacia destinos más lejanos.

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