Giro inesperado en el chavismo: El “perdón” y la amnistía como nueva bandera política
Este cambio en la retórica oficial pone de manifiesto la complejidad de la transición política que atraviesa el país, donde un discurso de perdón y amnistía ahora convive con años de polarización profunda y reclamos de justicia por parte de amplios sectores ciudadanos.
Venezuela / Redacción Panas en Utah.- El chavismo en Venezuela protagonizó un cambio de discurso que sorprendió a analistas y actores políticos esta semana. Líderes históricos del movimiento, entre ellos Jorge Rodríguez y Vladimir Padrino López, adoptaron una retórica centrada en el perdón y la reconciliación en el marco del debate sobre una ley de amnistía para presos políticos. Esta declaración se produce tras décadas de enfrentamientos internos y tras la aprobación en primera discusión de un proyecto legislativo que busca facilitar la liberación de personas encarceladas por razones políticas desde 1999.
Durante la sesión parlamentaria del 5 de febrero, Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, llamó a reconocer errores del pasado y a avanzar hacia la convivencia nacional. “Nosotros pedimos perdón y tenemos que perdonar también”, afirmó frente a los diputados, subrayando que personalmente no le “gustan los presos”, pese a que reconoció que en determinadas circunstancias pueden resultar “necesarios por códigos penales o realidades políticas”.
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El tono conciliador del vocero chavista contrasta con los discursos duros que pronunció en años recientes, cuando exigió detenciones y medidas represivas contra líderes opositores y manifestantes durante periodos de protestas. Ese cambio —según expertos consultados— refleja un intento de reposicionar al partido en un contexto político transformado tras la captura del expresidente Nicolás Maduro y las presiones diplomáticas internacionales.
Por su parte, el vicepresidente sectorial para la Defensa, Vladimir Padrino López, también respaldó la iniciativa legislativa desde sus redes sociales. Padrino López calificó la primera discusión de la ley como un paso “trascendental hacia la superación de viejas heridas y la construcción de un futuro común”, y vinculó el perdón con una herramienta para alcanzar cohesión social y estabilidad. “El perdón en sí mismo es liberador”, escribió, consolidando la narrativa amable que ahora impulsa el oficialismo.
El proyecto legislativo, promovido por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, abarca delitos políticos cometidos desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1999 y podría permitir la liberación de cientos de detenidos, la devolución de bienes confiscados y la cancelación de órdenes de detención internacional para quienes se encuentran en el exterior. Sin embargo, la amnistía no aplicará a delitos graves como homicidio, tráfico de drogas, corrupción o violaciones de derechos humanos, según versiones periodísticas y legislativas.
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El respaldo de figuras militares y políticas del chavismo a esta ley provoca reacciones diversas entre sectores de la sociedad venezolana. Para algunos familiares de presos y opositores, la iniciativa representa un paso hacia la justicia y la convivencia, aunque siguen pendientes detalles claves para garantizar transparencia y seguridad jurídica. Observadores internacionales han destacado que, aunque el discurso sobre reconciliación marca un giro notable, el impacto real de la ley dependerá de su implementación efectiva y del contexto político más amplio en Venezuela.
Este cambio en la retórica oficial pone de manifiesto la complejidad de la transición política que atraviesa el país, donde un discurso de perdón y amnistía ahora convive con años de polarización profunda y reclamos de justicia por parte de amplios sectores ciudadanos.



