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Un país en vilo emocional: La diáspora y Venezuela procesan un punto de quiebre político ¿Cómo manejarlo psicológicamente? (+VIDEO)

Venezuela enfrenta así una etapa de reconstrucción que trasciende lo político y lo económico. El país inicia un proceso de sanación emocional que exige tiempo, acompañamiento psicológico y narrativas responsables. El quiebre del mito de invulnerabilidad marca un inicio, no un cierre.

Buenos Aires, Argentina / Redacción Panas en Utah.- A un mes de la captura de Nicolás Maduro, la psicología colectiva del venezolano atraviesa una etapa de alta intensidad emocional tanto para la diaspora como para quienes están en el país. Desde Buenos Aires. la comunicadora Jacmibel Rosas, nuestra jefa de prensa y la psicóloga Silvana Romay desde Utah, analizan el impacto que este episodio genera en la mente y el corazón de millones de venezolanos dentro y fuera del país. El inicio de 2026 abrió un escenario inédito que activó emociones acumuladas durante años de crisis, migración y desgaste social.

Rosas y Romay coinciden en que el venezolano no responde de forma homogénea. La diáspora experimenta una catarsis marcada por alivio, euforia y sensación de reivindicación histórica. Muchas personas sienten que el sacrificio migratorio finalmente encuentra sentido. Sin embargo, quienes permanecen en Venezuela muestran una reacción distinta. Predomina la cautela, el silencio estratégico y una vigilancia constante del entorno. El alivio existe, pero el temor a un vacío de poder frena celebraciones abiertas.

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La incertidumbre ocupa un lugar central en este proceso. La falta de información clara sobre el control institucional y las decisiones inmediatas eleva los niveles de ansiedad. Romay explica que años de crisis mantuvieron al sistema nervioso del venezolano en un estado de hiperalerta. Hoy, esa sobreestimulación produce oscilaciones emocionales bruscas entre esperanza y escepticismo. El cuerpo y la mente reaccionan con picos de cortisol, insomnio y dificultad para proyectar a largo plazo.

En la diáspora surge otro fenómeno relevante: la ansiedad de retorno. Muchos migrantes sienten el impulso de regresar de inmediato, impulsados por la emoción y el deseo de reconstrucción. Esa urgencia choca con una realidad compleja. La vida construida en otros países exige decisiones racionales que no siempre acompañan al entusiasmo del momento. Rosas señala que este conflicto interno genera culpa, confusión y miedo a perder lo logrado.

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La gestión de expectativas se convierte en un desafío clave. Voceros del proceso de transición promueven mensajes de orden, trabajo y paciencia. Buscan moderar la euforia colectiva y evitar frustraciones tempranas. Romay advierte que la esperanza sin contención puede transformarse en decepción profunda si los cambios no avanzan con rapidez, el venezolano ha adquirido una “desesperanza aprendida”, sostiene.

Venezuela enfrenta así una etapa de reconstrucción que trasciende lo político y lo económico. El país inicia un proceso de sanación emocional que exige tiempo, acompañamiento psicológico y narrativas responsables. El quiebre del mito de invulnerabilidad marca un inicio, no un cierre.

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