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El gas venezolano gana valor estratégico y abre una nueva disputa por el control energético

La evolución de estos proyectos determinará si el gas venezolano logra convertirse en un nuevo motor energético nacional y en un producto con capacidad para competir en el mercado internacional.

Venezuela / Redacción Panas en Utah.- Venezuela busca transformar su enorme disponibilidad de gas natural en una fuente de energía capaz de atender la demanda interna y, a mediano plazo, generar nuevas oportunidades de exportación. La estrategia cobró impulso con una alianza entre Baker Hughes, PDVSA, Lindsayca y Fulcrum LNG para desarrollar infraestructura gasífera y avanzar hacia futuros proyectos de Gas Natural Licuado (GNL).

El acuerdo coloca como primera prioridad la recuperación de la infraestructura necesaria para aumentar el suministro interno y fortalecer la generación eléctrica. El objetivo responde a una de las principales dificultades que enfrenta el sistema energético venezolano: la falta de capacidad para aprovechar buena parte del gas disponible y utilizarlo de manera eficiente.

Baker Hughes explicó que los proyectos dependerán del cumplimiento de las regulaciones y de las autorizaciones correspondientes de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Esta condición convierte a las sanciones estadounidenses en un factor determinante para definir el ritmo y el alcance de las nuevas inversiones.

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La participación de empresas estadounidenses también introduce una dimensión geopolítica en el desarrollo del recurso. Venezuela posee importantes reservas de gas, pero durante años una parte considerable de ese potencial quedó sin aprovechamiento comercial. Ahora, el interés empresarial busca convertir ese recurso en infraestructura, producción y eventualmente exportaciones.

Uno de los proyectos que concentra atención internacional involucra el campo Dragón, ubicado frente a las costas venezolanas, y la posibilidad de trasladar su producción hacia Trinidad y Tobago para procesarla en instalaciones de Atlantic LNG. Esta alternativa permitiría utilizar infraestructura existente y acercar el gas venezolano a los mercados internacionales.

El desarrollo de esta ruta depende igualmente de autorizaciones estadounidenses y de acuerdos entre los distintos actores involucrados. Trinidad y Tobago ocupa así una posición estratégica como posible punto de conexión entre el gas venezolano y el mercado global de GNL.

La alianza también contempla proyectos destinados a fortalecer la infraestructura energética venezolana antes de alcanzar una eventual etapa exportadora. Para el sector, mejorar el suministro doméstico representa una condición necesaria para garantizar la viabilidad económica de nuevas inversiones.

Paralelamente, Baker Hughes avanzó con New Stratus Energy en un memorando de entendimiento para explorar oportunidades adicionales relacionadas con petróleo y gas en Venezuela. Estos acuerdos amplían la participación de compañías internacionales en el sector energético venezolano y reflejan el creciente interés empresarial por los recursos del país.

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El escenario plantea una transformación significativa: el gas que durante años representó un recurso desaprovechado ahora adquiere relevancia económica y geopolítica.

El desafío para Venezuela consistirá en convertir sus reservas en producción efectiva, recuperar infraestructura y garantizar energía para su población, mientras negocia con empresas internacionales y opera dentro de un complejo marco de sanciones y autorizaciones.

La evolución de estos proyectos determinará si el gas venezolano logra convertirse en un nuevo motor energético nacional y en un producto con capacidad para competir en el mercado internacional.

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