FBI investiga posible vínculo entre muertes y desapariciones de científicos en EE. UU.
El presidente Donald Trump y la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes solicitaron informes urgentes para evaluar el alcance de los hechos. Mientras avanza la investigación, las autoridades buscan determinar si estos casos responden a incidentes aislados o a una amenaza más amplia contra sectores críticos del país.
Estados Unidos / Redacción Panas en Utah.- El Buró Federal de Investigaciones (FBI) confirmó en abril de 2026 que lidera una investigación formal para determinar si existe una conexión entre la muerte o desaparición de al menos 11 científicos y especialistas en Estados Unidos desde 2022. Las autoridades analizan un patrón que concentra casos en áreas altamente sensibles para la seguridad nacional, lo que elevó la preocupación en distintos niveles del gobierno.
Las víctimas mantenían vínculos con sectores estratégicos como la tecnología nuclear, la industria aeroespacial y la defensa. Algunos trabajaban con organismos de referencia como la NASA y el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL). Legisladores describieron la secuencia de incidentes como “siniestro” y advirtieron sobre una posible amenaza estructural, aunque los investigadores no confirmaron hasta ahora la existencia de una conspiración coordinada.
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Entre los casos bajo revisión figura el de William Neil McCasland, general retirado de la Fuerza Aérea con acceso a programas clasificados, quien desapareció en febrero de 2026 en las montañas Sandia, en Nuevo México. Equipos de búsqueda encontraron su teléfono, pero no localizaron su paradero. También se investiga el asesinato de Nuno Loureiro, director del Centro de Ciencia del Plasma y Fusión del MIT, quien recibió disparos frente a su vivienda en Massachusetts en diciembre de 2025.
Otro expediente relevante corresponde a Jason Thomas, científico vinculado a la farmacéutica Novartis. Thomas desapareció en diciembre de 2025 y su cuerpo apareció meses después en un lago congelado. En paralelo, el astrofísico Carl Grillmair, asociado a proyectos de la NASA desde el Instituto Tecnológico de California, murió por disparos fuera de su residencia en febrero de 2026.
La lista incluye además a Amy Eskridge, especialista en sistemas de propulsión avanzada, cuya muerte en 2022 en Alabama inicialmente se clasificó como autoinfligida, aunque las autoridades reevalúan ese caso. Investigadores también examinan las muertes de Michael David Hicks y Frank Maiwald, ambos vinculados al JPL, así como la desaparición de la ingeniera Monica Reza.
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El FBI coordina esfuerzos con el Departamento de Energía, el Departamento de Defensa y la NASA para consolidar información y establecer posibles nexos. Las líneas de investigación contemplan la participación de actores extranjeros y la eventual exposición de información clasificada compartida entre las víctimas.
El presidente Donald Trump y la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes solicitaron informes urgentes para evaluar el alcance de los hechos. Mientras avanza la investigación, las autoridades buscan determinar si estos casos responden a incidentes aislados o a una amenaza más amplia contra sectores críticos del país.



