Alerta ambiental en Venezuela: Científicos piden frenar el consumo de cazón para evitar la desaparición de tiburones
La advertencia se presenta como un punto de inflexión: continuar con el consumo indiscriminado podría agotar los recursos marinos y afectar a futuras generaciones. La decisión, según los especialistas, recae en la conciencia colectiva y en la capacidad de transformar hábitos en favor del equilibrio ecológico.
Venezuela / Redacción Panas en Utah.- Un grupo de científicos venezolanos encendió las alarmas sobre el consumo de cazón, especialmente durante temporadas de alta demanda como Semana Santa, al advertir que esta práctica gastronómica tradicional está acelerando la desaparición de los tiburones en el país. La campaña “No comas cazón”, impulsada por el Centro para la Investigación de Tiburones (CIT), busca generar conciencia sobre el impacto directo de esta costumbre en la biodiversidad marina.
De acuerdo con especialistas, el cazón no corresponde a una especie específica, sino a la comercialización de tiburones jóvenes. En la mayoría de los casos, se trata de crías o ejemplares juveniles que no han alcanzado la madurez sexual. Esta práctica impide la reproducción natural de las especies y compromete su supervivencia a largo plazo.
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El biólogo marino Leonardo Sánchez, vocero del CIT, explicó que la preferencia por estos ejemplares responde a razones culinarias: la carne de los tiburones adultos resulta fibrosa y presenta un fuerte sabor a amoníaco, lo que reduce su aceptación en el mercado. Esta situación ha llevado a una explotación sistemática de las crías, extendida a más de 67 especies registradas en aguas venezolanas.
La consecuencia directa de esta práctica se traduce en un riesgo crítico de extinción. Expertos advierten que muchas de estas especies, incluyendo el tiburón martillo, enfrentan condiciones vulnerables debido a la captura indiscriminada. La reducción de las poblaciones no solo afecta a los tiburones, también impacta el equilibrio de los ecosistemas marinos.
Los tiburones cumplen un rol esencial como depredadores tope, encargados de regular las poblaciones de otras especies y mantener la salud de los océanos. Su desaparición podría generar un efecto en cadena que afecte arrecifes, peces comerciales y, en consecuencia, la actividad pesquera.
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La campaña no plantea una prohibición definitiva del consumo, sino una pausa necesaria para permitir la recuperación de las especies. Los científicos insisten en la necesidad de replantear hábitos alimenticios y priorizar alternativas sostenibles que no comprometan la biodiversidad.
Además, el llamado incluye una reflexión sobre la relación entre tradición y sostenibilidad. Aunque el cazón forma parte de la identidad gastronómica venezolana, los expertos sostienen que las prácticas culturales deben adaptarse a las condiciones ambientales actuales.
La advertencia se presenta como un punto de inflexión: continuar con el consumo indiscriminado podría agotar los recursos marinos y afectar a futuras generaciones. La decisión, según los especialistas, recae en la conciencia colectiva y en la capacidad de transformar hábitos en favor del equilibrio ecológico.



