Redacción Panas en Utah.- La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una nueva Ley de Minas que redefine el modelo de explotación de recursos minerales en el país y marca un cambio significativo en la política económica impulsada por el oficialismo. La normativa, sancionada por unanimidad en un Parlamento dominado por el chavismo, elimina el control exclusivo del Estado sobre la actividad minera y habilita una mayor participación de capital privado, tanto nacional como extranjero.
La Ley de Minas, compuesto por más de 130 artículos, deroga la legislación aprobada durante el gobierno de Hugo Chávez en 2013 y establece un marco orientado a atraer inversiones en un sector considerado estratégico para la recuperación económica. La ley permite la explotación de minerales como oro, diamantes y tierras raras mediante concesiones que pueden extenderse hasta 30 años, con posibilidad de prórroga.
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Aunque el Estado mantiene la propiedad sobre los yacimientos, la normativa introduce mecanismos que amplían el margen de acción de empresas privadas. Entre ellos, se incluyen garantías jurídicas para inversionistas, la posibilidad de resolver disputas mediante arbitraje internacional y un esquema de regalías que busca resultar competitivo frente a otros mercados.
El Gobierno venezolano promueve esta reforma como parte de una estrategia para dinamizar la economía, aumentar la producción minera y captar divisas en un contexto de crisis prolongada. Autoridades han señalado que el país posee amplias reservas minerales aún subexplotadas y que requieren inversión tecnológica y financiera para su desarrollo.
La legislación también replica el modelo aplicado recientemente en el sector petrolero, donde el Ejecutivo flexibilizó las condiciones para la participación de empresas extranjeras. Analistas interpretan esta apertura como un viraje en la política económica tradicional, históricamente basada en el control estatal de los recursos naturales.
El foco de interés se concentra en el Arco Minero del Orinoco, una extensa región rica en minerales estratégicos que ha estado marcada por denuncias de minería ilegal, presencia de grupos armados y daños ambientales. La nueva ley busca ordenar la actividad en esta zona y formalizar operaciones que durante años se han desarrollado al margen de regulaciones claras.
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A pesar de las expectativas oficiales, el instrumento ha generado cuestionamientos. Sectores críticos advierten sobre posibles riesgos ambientales, pérdida de soberanía económica y falta de transparencia en la gestión de concesiones. Además, persisten dudas sobre la capacidad institucional para supervisar adecuadamente la actividad minera en territorios complejos.
La aprobación de esta ley se produce en un contexto de cambios en la relación internacional de Venezuela y de flexibilización de restricciones sobre el comercio de minerales. Mientras avanza su implementación, el país entra en una nueva etapa de apertura económica que podría redefinir el rol del Estado en uno de sus sectores más sensibles.



