
Hoy es el juego de béisbol entre EEUU y Venezuela, este no será un gol de mano, que le dio el triunfo a Diego Maradona en 1986, juego de fútbol entre Inglaterra y Argentina en la final copa del mundo, traspolando este evento al conflicto por Las Malvinas por muchos alimentando una retorica que hoybaun esta vigente , pues, inicio este artículo contando un poco de mi infancia, si. ! ya se , es un poco aburrida, pero es necesario para tratar de explicar el propósito de este artículo, pues todo inicia en El Tigre, estado Anzoátegui, región petrolera venezolana, alla en mi amado barrio Casco Viejo, entendí que el béisbol no era solo un deporte, era y es identidad.
Casco Viejo nació alrededor del lugar donde reventó el pozo petrolero Oficina N°1o conocido como Campo oficina, lugar que inspiró a Miguel Otero Silva a escribir Mene. Allí, entre tuberías, tierra y chaparros de sabana, crecieron sueños y también diamantes improvisados, guantes gastados y niños que soñaban con las Grandes Ligas, porque así como el petróleo marcó el desarrollo económico de Venezuela, el béisbol marcó el alma de nuestro pueblo.
El béisbol llegó a Venezuela a finales del siglo XIX, pero fue con la llegada de las compañías petroleras estadounidenses en los años 20 cuando realmente echó raíces. En los campos petroleros, los trabajadores no solo perforaban pozos, también jugaban pelota. Construyeron campos, organizaron ligas y, sin saberlo, sembraron una de las pasiones más profundas del venezolano.
Estados Unidos no solo fue un socio en el petróleo. Fue también un puente cultural. El petróleo y el béisbol caminaron juntos en nuestra historia y Venezuela respondió en convertir ese deporte en identidad nacional, Formamos talento y hoy es natural ver a venezolanos brillar en las Grandes Ligas desde Luis Aparicio hasta Miguel Cabrera, y entre muchos otros, como nuestro querido Alex Cabrera, orgullo de mi pueblo, hijo también de Casco Viejo, pero mi historia no se quedó en la infancia.
En 2004, tuve el honor de ser convocado por el entonces embajador de Estados Unidos en Venezuela, William Brownfield, para liderar el programa “Democracia entre Nosotros”, con el apoyo de USAID y la National Endowment for Democracy NED , Venezuela vivía una profunda polarización. Familias enfrentadas. Un país dividido. Y la misión era clara: unir a los venezolanos.
¿Y cómo lo hicimos? Con el béisbol.
Durante más de cuatro años recorrimos estadios en todo el país, promoviendo talleres de tolerancia, convivencia y respeto. Pero no solo hablamos, actuamos, pues, se dotó a miles de niños con equipos deportivos, se recuperaron estadios, se crearon espacios de encuentro donde había división y aún existe . El béisbol fue la mejor excusa de amor, para encontrarnos pero la verdadera victoria fue reconstruir el tejido social.
Después de 2008, todo cambió, Las políticas socialistas destruyeron no solo la economía, también el ecosistema deportivo. Se fueron las oportunidades. Se fueron los sueños. Y se fueron las escuelas de béisbol, los scouts, coaches y academias emigraron a países como República Dominicana, dejando a Venezuela sin su principal semillero de talento,Un país que fue potencia, quedó desprovisto de su estructura.
Y aquí quiero ser muy claro, no quisiera que el encuentro entre Venezuela y Estados Unidos sea visto como un “Malvinazo”. No lo es, lo ocurrido el 3 de enero de 2026 no fue, desde mi visión, una invasión comparable a conflictos históricos. Fue la extracción de un régimen que dejó miseria, división y provocó una de las migraciones más grandes del mundo, nueve millones de venezolanos aproximadamente fuera de su tierra , por eso, este encuentro no es una revancha,es una historia compartida, una oportunidad, mientras escribía esto, pensé en Emma.
Una niña nacida en Estados Unidos, hija de dos venezolanos extraordinarios Angélica y Jorge, residentes de nuestro estado Utah, profundamente conectados con su cultura. He visto a Emma crecer y a propósito de este juego del día de hoy, reforzó mi fe y creencia en nuestros niños al enterarse de su comentario “Mami, hoy juegan mis dos países, yo ya gané.” Ahí entendí, lo que muchos adultos cuestionan, es en realidad una verdad profunda,Por eso propongo, con humildad, una idea.
El Efecto Emma no como una verdad absoluta, sino como punto de partida. Una invitación a entender a nuestros niños migrantes o hijos de migrantes. El Efecto Emma describe a una generación que ama a Venezuela en casa, ama a Estados Unidos (o su país receptor o de nacimiento) y no ve contradicción, sino riqueza, no están divididos, están multiplicados y ahí está el mayor potencial de reconstrucción. Ellos son, sin exagerar, la verdadera fuerza transformadora del futuro. Pero hoy , Hoy es celebración!
Celebren como Emma. No se sientan culpables por amar a dos países, no es traición, es amor y el amor no divide, se expande. Se puede amar a Venezuela y a Estados Unidos como se ama a mamá y a papá.
Capitán Zarigüeya
Hoy no es un juego de revancha, Es un juego de gratitud, de encuentro y de libertad y esto apenas comienza. Porque, así como aquel gol de Diego Maradona marcado por la controversia entre lo honesto y lo legal, pues fue convertido por algunos en heroísmo, yo no deseo que el 3 de enero este encuentro se interpreten de la misma manera, No debemos transformar situaciones complejas en símbolos que alimenten divisiones o sentimientos antiamericanos. Este no es un relato de trampa convertido en gloria, es un relato de unión convertido en esperanza.
Capitán Zarigüeya lo llama, El Sueño Tricolor, así que hoy, familia y especialmente ustedes, mis niños, mis pequeñas zarigüeyas, Desempolven su franela vinotinto, Pónganse su gorra de estados Unidos , Levanten sus dos banderas, no pasa nada , es solo amor y a ese juego si me sumo.



