Niño venezolano sorprende en EE. UU. con IQ de 146 y proyección académica excepcional
En el caso de Oliver, el reto inmediato consiste en garantizar condiciones que permitan estimulación adecuada, equilibrio y continuidad formativa en un entorno que responda a sus necesidades particulares.
Redacción Panas en Utah.- El niño venezolano Oliver Augusto Matos Reyes, nacido en Barquisimeto, registró un coeficiente intelectual (IQ) de 146 tras completar siete pruebas distintas, un resultado que lo ubica dentro del rango de superdotación intelectual y lo convierte en uno de los niños con desempeño cognitivo más alto reportado en su franja etaria en Estados Unidos.
El caso generó interés en círculos educativos especializados debido a la consistencia de los resultados y al perfil de aprendizaje del menor. Los padres del niño, la doctora Ann Reyes Herrera, también barquisimetana, y el doctor Alirio Matos, oriundo del estado Falcón, observaron indicios tempranos de precocidad y optaron por inscribirlo en programas académicos avanzados, adecuados a su ritmo de adquisición de conocimientos.
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La familia explicó que la atención se concentró en las capacidades de Oliver cuando el niño tenía dos años y medio y demostraba lectura fluida, algo poco común incluso en contextos de alta estimulación temprana. Actualmente el menor presenta un nivel avanzado de lectura, reconocimientos por desempeño académico y una marcada inclinación por disciplinas como historia y geografía mundial.
Una anécdota que llamó la atención de docentes y especialistas ocurrió cuando Oliver tenía cinco años. Durante una actividad familiar, tomó un globo terráqueo y comenzó a identificar países, capitales, población y características económicas con una exactitud que superaba con amplitud la expectativa para su edad. Según sus padres, el niño suele complementar esos datos con referencias adicionales, lo que indica una capacidad de retención y relación de información poco común.
Educadores consultados destacan que el desempeño de Oliver no solo se expresa en su velocidad de aprendizaje o en su memoria, sino también en la forma en que procesa información y resuelve problemas mediante diálogo, un rasgo que suele aparecer en perfiles con altas capacidades cognitivas.
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Ante este panorama, los padres iniciaron gestiones en busca de apoyo especializado para acompañar el desarrollo del niño con un enfoque integral que contemple no solo el aspecto cognitivo, sino también el emocional y social, con el propósito de que pueda desplegar su potencial sin sacrificar etapas propias de la infancia.
Expertos en altas capacidades señalan que estos casos requieren estrategias específicas y seguimiento longitudinal para evitar desajustes en escolarización, motivación o socialización. En el caso de Oliver, el reto inmediato consiste en garantizar condiciones que permitan estimulación adecuada, equilibrio y continuidad formativa en un entorno que responda a sus necesidades particulares.



