Trump fija giro comercial: Venezuela comprará sólo productos fabricados en EE. UU. tras nuevo acuerdo petrolero
De manera paralela, la administración Trump incrementó las presiones diplomáticas sobre Caracas y exigió la apertura del sector petrolero venezolano a compañías privadas estadounidenses. El gobierno advirtió sobre posibles repercusiones si ese proceso no avanza. Esta estrategia forma parte de un esquema más amplio de reconfiguración de la relación bilateral.
Washington D. C. — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este miércoles un cambio significativo en las relaciones económicas con Venezuela. El mandatario comunicó en su red social Truth Social que Venezuela utilizará los fondos provenientes del nuevo acuerdo petrolero para adquirir productos fabricados de manera exclusiva en territorio estadounidense. Trump definió esta decisión como una medida que traerá beneficios para ambas naciones.
El anuncio detalló que las compras venezolanas incluirán medicamentos, insumos agrícolas, dispositivos médicos y equipos especializados para mejorar la red eléctrica y el sistema energético del país sudamericano. Según el presidente, esta política estimulará sectores clave de la industria estadounidense y atenderá necesidades urgentes de la infraestructura venezolana.
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La nueva directriz complementa los anuncios de los últimos días en torno al control y dirección del petróleo venezolano tras la captura del expresidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el proceso de transición política que atraviesa Caracas. Trump señaló el martes 6 de enero que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo al mercado estadounidense como parte de un acuerdo energético supervisado desde Washington. El mandatario informó que el petróleo ingresará a refinerías estadounidenses y que el gobierno canalizará los fondos resultantes con “fines beneficiosos” para los ciudadanos de ambos países.
El Departamento de Energía recibió instrucciones directas del mandatario para iniciar el proceso de manera inmediata. Buques cisterna tomarán el crudo desde puertos venezolanos y lo llevarán a puntos de descarga en Estados Unidos. Representantes de ambos gobiernos mantienen conversaciones técnicas para organizar la logística y asegurar el flujo de barriles, lo que podría implicar el desvío de cargamentos originalmente destinados al mercado chino.
Analistas energéticos consideran que el volumen anunciado representa una proporción importante de la producción actual venezolana, aunque se ubica lejos de los niveles previos a las sanciones que restringieron su capacidad exportadora. Con los precios actuales del mercado, el crudo incluido en el acuerdo alcanzará un valor cercano a los 2.800 millones de dólares. Expertos también destacan que esta operación redirige el mapa petrolero venezolano, que durante los últimos años se orientó principalmente hacia Asia.
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El impacto del anuncio generó reacciones mixtas en la comunidad internacional. Algunos mercados registraron una baja en las cotizaciones del petróleo ante la expectativa de una mayor oferta disponible. Otros observadores expresaron dudas sobre la velocidad con la que Estados Unidos podrá procesar los volúmenes comprometidos.
De manera paralela, la administración Trump incrementó las presiones diplomáticas sobre Caracas y exigió la apertura del sector petrolero venezolano a compañías privadas estadounidenses. El gobierno advirtió sobre posibles repercusiones si ese proceso no avanza. Esta estrategia forma parte de un esquema más amplio de reconfiguración de la relación bilateral.
El nuevo acuerdo marca un cambio profundo en la política energética estadounidense hacia Venezuela y abre un escenario de consecuencias económicas y geopolíticas que aún genera interrogantes dentro y fuera de Washington.



